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HERRAMIENTAS
Foto: Leo Ramírez / AFP Photo

(Caracas, 25 de enero. Reuters) - En un supermercado de un acomodado distrito de Caracas no hay ni un paquete de harina de trigo, pero está repleto de pan dulce gourmet importado de Italia. No se puede encontrar azúcar por ningún lado, pero los edulcorantes como Equal o Splenda están disponibles en las góndolas.

“Ves una persona andando en la vía con una bolsa de supermercado y le dices ‘¿Eso amarillo es harina pan?’ y dicen ‘sí señora, ¡Corra antes de que se acabe!”

En un barrio popular, los compradores luchan por encontrar pollo, aunque el camarón está a la orden del día.

El desabastecimiento ocasional de productos se ha convertido en cosa habitual en la Venezuela del presidente socialista Hugo Chávez, que no ha sido visto desde que se sometió a una nueva cirugía contra el cáncer en Cuba el 11 de diciembre.

Pero en la distorsionada economía venezolana, son los productos básicos los que suelen escasear, mientras es fácil hacerse de bienes de lujo o de artículos de nicho.

“Puedes conseguir un whisky de 18 años en cualquier esquina, eso no tiene problemas, son los artículos de la cesta básica que tienen problemas”, dijo Iris Moreno, una economista retirada de 63 años.

“Ves una persona andando en la vía con una bolsa de supermercado y le dices ‘¿Eso amarillo es harina pan?’ y dicen ‘sí señora, ¡Corra antes de que se acabe!”, agregó.

Bajo el sistema de control de precios creado por Chávez, los comerciantes pueden ser multados o encarcelados por vender productos como la leche, aceite de cocina y harina de maíz -crucial para cocinar las populares arepas- a un precio mayor al establecido por el Estado.

Pero pueden vender champán, arroz basmati o aceite de trufa al precio que quieran, supliendo a los supermercados y las tiendas de la esquina con un rango de productos que muchos no consumen o simplemente no tienen dinero para comprarlos.

La cacería de productos básicos suele incluir visitas a varias tiendas para hallar los productos y formarse en largas colas. Algunos simplemente prescinden de algunos tipos de alimentos.

Aunque la situación está lejos de ser una escasez que provoca hambruna como acusan los opositores, es una molestia creciente incluso para los seguidores de Chávez, que dicen que su revolución con sello propio ha ayudado a compartir los cuantiosos ingresos petroleros del país con los pobres.

Y es una muestra de los esfuerzos de una nación rica en petróleo que por décadas ha garantizado acceso a los artículos de consumo en boga, mientras lucha por crear fuerzas policiales, hospitales y sistemas de cloacas que funcionen sin problemas.

“El dinero no es el problema. Al contrario, el problema es que hay demasiado dinero y no hay suficientes productos para vender”, dijo Ismael Pérez, presidente ejecutivo de la federación de cámaras industriales Conindustria.

Líderes empresariales dicen que la ausencia de Chávez ha demorado decisiones políticas clave que podrían mejorar el suministro.

Entre ellas, subrayan una posible devaluación del bolívar, que aumentaría la disponibilidad de dólares para importaciones, y revisiones a los controles de precios que les permitiría a los comerciantes cobrar más por los productos.

Mucho dinero, pocos productos

Los venezolanos son consumidores eximios, en parte por la larga tradición de riqueza petrolera del país, y en parte por la inflación anual de dos dígitos que hacen que ahorrar sea inútil. Usualmente, el explosivo gasto en la temporada navideña provoca complicaciones en la cadena de suministro.

El Gobierno culpa de la situación al “acaparamiento” de comerciantes que buscan manipular el suministro para obtener ganancias fáciles, y ha prometido aumentar las inspecciones

El desabastecimiento alcanzó en diciembre su punto más alto desde abril del 2008, dijo este mes el banco central.

Muchas panaderías -un pilar de la vida cotidiana de los venezolanos porque venden pan fresco, fiambres, café y pasteles- ahora no venden más de una o dos baguettes por persona ante la falta de harina.

Otras, como Macropan en el humilde barrio de La Vega en Caracas, directamente no tienen pan para ofrecer.

“Consigo un kilito que otro de harina en el supermercado, pero no me alcanza”, dijo Ricardo Sousa, socio propietario de Macropan y su administrador. Refrescos, cereales estadounidenses y caramelos de chocolate con avellanas llenaban las estanterías que rodeaban a la absolutamente vacía bandeja de pan.

El Gobierno culpa de la situación al “acaparamiento” de comerciantes que buscan manipular el suministro para obtener ganancias fáciles, y ha prometido aumentar las inspecciones.

“En medio de todo esto de la salud del presidente Chávez quieren crear una especie de incertidumbre en toda la población y dicen que no están produciendo cuando sí lo están haciendo”, dijo Zahira Velásquez, una estudiante de 23 años.

Cuando un reportero de Reuters preguntó sobre harina de trigo en un supermercado, un guardia de seguridad le pasó el dato de que recién habían llegado nuevas provisiones. Pero fue una falsa alarma: el producto resultó ser una mezcla pre endulzada para panqueques.

Los compradores nerviosos empeoran la cosa al llevarse más de lo que requieren cada vez que el suministro comienza a menguar.

“La gente se está auto desabasteciendo. Tan pronto llega otro lote de harina pan la gente corre para comprar, pero demasiado”, dijo Alicia Blanco, un ama de casa de 57 años al salir de un supermercado luego de luchar para hallar detergente, papel de baño y manteca. “Da mucho fastidio, hambre no”.

Por Brian Ellsworth

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