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Análisis AFP: los bienes comunes, una forma horizontal de entender la economía

Foto: Altonivel

(Lille, 21 de noviembre. AFP) – Frente a una crisis que ha puesto los esquemas económicos patas arriba, Pol, Simon y otros jóvenes de la ciudad francesa de Lille (norte) han optado por una alternativa: los “bienes comunes”, ni públicos ni privados.

Se trata de un modelo equitativo con el que reapropiarse plenamente de su trabajo, siguiendo la divisa del “do it yourself” (hazlo tú mismo).

La Coroutine, un espacio de trabajo compartido por 20 personas (grafistas, diseñadores, informáticos, por lo general de menos de 30 años) es un ejemplo de este tipo de bienes gestionados por una comunidad de usuarios.

Sin necesidad de subvenciones públicas, en los dos años que lleva funcionando en el centro de Lille ha generado cada mes un excedente, reinvertido de forma sistemática en mejorar las instalaciones.

Por 125 euros al mes, “una de las tarifas contributivas más bajas de Francia”, según el informático Simon Sarazin, sus integrantes tienen acceso a dos salas con ordenadores, una cocina común en la que cada mediodía se turnan para hacer el almuerzo, un cuarto de descanso y una sala de reuniones.

Gracias a la diversidad de competencias en este espacio de 180 m2, a veces no hay que ir muy lejos para encontrar soluciones. Es el caso de los ingenieros Pol Hovine y Thomas Huglo, creadores de una impresora 3D capaz de cortar paneles de madera.

“En La Coroutine he encontrado una energía que me ha puesto en el buen camino”, explica Pol.

Al espíritu de colaboración se suma un modelo de toma de decisiones ultraeficaz. En lugar de celebrar reuniones, los integrantes señalan sus propuestas o quejas en una aplicación web de software libre, Loomio. A partir de ahí son sometidas a votación, de lo que se deriva una rápida decisión por mayoría.

Pol también ha hecho sinergias con el otro gran centro de “coworking” de Lille, el Mutualab, con cabida para 50 personas. Allí trabaja con los miembros de la asociación Lille Makers, para desarrollar un modelo de bicicleta que se puede conducir casi tumbado.

Junto a estos espacios, la aglomeración de Lille cuenta con otros bienes comunes, como una cincuentena de jardines gestionados por una asociación, el cine L’Univers, donde las asociaciones que lo deseen proyectan sus películas.

La Coroutine alberga por las tardes reuniones para el desarrollo de más bienes comunes, como el de una abacería participativa.

Facebook, el antimodelo económico

En el foro social ROUMICS, celebrado esta semana en Lille, Bernard Stiegler, director del Instituto de Investigación e Innovación (IRI), adscrito al Centro Pompidou de París, explica que estos bienes comunes son una pista alternativa al “decaimiento del estatus de asalariado”.

Pero sobre todo, según Stiegler, los bienes comunes tienen la virtud de repartir el valor generado entre sus usuarios. Lo contrario que el modelo de Facebook, donde el beneficio económico es absorbido por el accionariado, obedeciendo a un “sistema de captación de valor por parte de gente que no lo produce”.

El esquema de los bienes comunes puede observarse en muchos otros países. El belga Michel Bauwens, un destacado teórico de la cuestión, pone como ejemplo las cooperativas médicas en la región italiana de Emilia-Romaña, la Cooperativa Integral Catalana, con su sistema de imposición interno donde “quien entra ya no tiene más problemas ni de comida ni de alojamiento”, o WindEmpowerment, una asociación dedicada a la fabricación local de turbinas eólicas para el suministro eléctrico de pequeñas comunidades, presente en Perú y Argentina, entre otros países.

Ante el empuje de estas iniciativas, Bauwens, fundador de la P2P Foundation, dedicada a la investigación y promoción de la economía colaborativa, estima que el Estado deber tener un papel de “socio”, dedicado a “reglamentar, verificar y garantizar los derechos de los ciudadanos”.

Por eso, añade, sería un error que la coalición Syriza o el partido Podemos se dediquen a “nacionalizar todo” si llegan al poder en Grecia y España, respectivamente.

A la objeción de que por el momento los bienes comunes raramente generan ingresos en metálico para sus participantes, siendo más que nada una estructura de funcionamiento, Michel Bauwens replica que lo más realista por ahora es tener “sistemas híbridos, con espacios de libertad”.