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Petróleo nuestro de cada día: geo economía y energía

Foto: EFE / Archivo

(Caracas, 25 de agosto. Noticias24).- La visita que realizó el presidente turco, Recip Erdogan a Moscú, fue mucho más que una expresión de cordialidad a un país vecino y a su gobierno. Esta acción trasciende lo estricto diplomático, no solo porque ocurre inmediato a su victoria sobre el golpe de estado, sino por el mensaje claro que transmite a EE UU y a la Unión Europea. Así lo afirmó el economista Rafael Antolinez en su columna.

Erdogan señaló como responsable intelectual del golpe que intentó derrocarlo al multimillonario clérigo musulmán Fethullah Gülen, exiliado en Pensilvania y solicitó al gobierno de Obama su expulsión a Turquía, para enjuiciarle.

Este golpe que se ha ido zanjando con la detención de varios miles de funcionarios públicos, militares y policías, quienes apoyaron, activa o pasivamente, el fracasado intento de copar el poder, ha generado un importante número de interrogantes.

Algunos analistas han resaltado la capacidad de reacción del gobierno de Erdogan frente al golpe y no ha faltado voces que han asomado la peregrina hipótesis del autogolpe, para explicar la respuesta de la estructura gubernamental turca a la intentona.

Las interrogantes planteadas y los hallazgos que recién empiezan a conocerse, versan, esencialmente acerca del cómo y el cuándo supo el gobierno turco del golpe.

De acuerdo a lo que se ha ido conociendo hubo una doble fuente de información, conformada por la data que obtuvo la inteligencia Rusa desde su base naval sita en Siria, donde interceptaron y descifraron comunicaciones entre militares turcos y norteamericanos en los que se hablaba del golpe, y la obtenida por la inteligencia Iraní que tuvo conocimiento del golpe planeado, luego de interrogar algunos rebeldes detenidos, capturados en Siria.

Ambas fuentes entregaron a Erdogan estos datos, lo que permite comprender que el gobierno turco adoptara las medidas preventivas reaccionando de manera casi inmediata a la intentona y que pudiese desarrollar el ulterior proceso represor para desarticular el tramado urdido por el clérigo Gülen, en las diversas instituciones turcas.

Esta sería, asimismo, la razón de la visita de Erdogan a Moscú, que es su primer viaje al exterior luego del golpe. Con este gesto quiere agradecer a Moscú su gestión informativa y busca solventar las diferencias entre ambas naciones, que han mantenido posiciones encontradas en la guerra de Siria. En paralelo, envía mensajes a Occidente, requiriendo un comportamiento diferente de EEUU y de la Unión Europea.

Tal vez esa sea la razón que ha llevado a la Canciller Alemana, Ángela Merkel, para resaltar el papel que esperan juegue Turquía en el drama de los refugiados, cuando arguye que cualquier solución para este tema debe ser consensuado con Ankara.

Otro punto que ciertamente estuvo presente en las conversaciones entre Erdogan y Putin, es el relativo al tema del gas y su salida para el mercado europeo.

Una de las razones del involucramiento de las potencias en el conflicto de Siria es la ubicación estratégica de esta nación, que le convierte en paso obligado para cualquier esquema de transporte terrestre de las fuentes de energía fósil, que se quiera vender desde el medio oriente a Europa.

Sea la relativa al gas proveniente de Irán o sea la vía alterna al gasoducto de Ucrania, que siempre ha deseado Moscú, el desarrollo de un sistema de transporte que atraviese Turquía y Siria, colocando el gas ruso en el mediterráneo es un aspecto crucial para acceder al mercado europeo sin los contratiempos ucranianos.

Para concretar algún tipo de acuerdo que satisfaga los diversos intereses inmersos allí, aún quedan por resolver puntos que no son fáciles, el problema Kurdo sigue presente al igual que el punto sobre la continuidad del gobierno de El Assad.

La visita no resolvió todo lo atinente a la guerra en Siria, pero despejo vías que estaban cerradas y aclaró mecanismos que pueden ser de importante significación. Las razones geopolíticas siguen vigentes y su ponderación es exigencia viva.

Escrito por: Rafael Antolinez / Economista / Noticias24