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El sentido común en la economía: los subsidios

Foto: Reuters

(Caracas, 19 de enero. Noticias24).- El economista Rafael Antolínez escribió este jueves en su columna “El Sentido común de la Economía” sobre los subsidios, una acción que ha sido usada por todos los gobiernos para los sectores más desfavorecidos.

A continuación el artículo completo:

Los Subsidios

La definición clásica de subsidio nos habla de la transferencia de efectivo que se realiza a los productores para que el precio de venta del producto sea inferior al real.

Esta acción económica ha sido usada por todos los gobiernos, tanto como mecanismo de protección a los sectores más desfavorecidos y deprimidos, y como estímulo a ciertas áreas productivas que tienen interés estratégico para la sociedad.

Desde estas perspectivas, el subsidio no implicaría mayores problemas ni tendría consecuencias negativas. Lamentablemente, los resultados que evidencian las instrumentaciones prácticas de estas acciones de política económica, señalan un claro divorcio entre lo anhelado y lo generado. Todo subsidio, en el largo plazo se transforma en lastre.

Usualmente el subsidio se aplica de manera directa, se le paga al productor la cifra que represente el diferencial entre el precio real y la cifra a la que puede vender su producto, obviamente menor.

Sí por ejemplo, el Gobierno estima que el precio máximo del Kg. de pollo no puede exceder de los 3.500,00 Bs., pero para los beneficiadores de aves el precio de venta debiera estar en 4.000,00 Bs, el Gobierno tendrá que pagar la diferencia de Bs. 500, 00, por cada Kg de pollo, para que estos puedan venderlo al monto que ha definido el Gobierno. Esta situación de suyo, es harto compleja, toda vez que implica la asignación de recursos monetarios a sectores productivos, para garantizar un suministro del producto, en cantidad y calidad adecuadas.

A los problemas de control cuantitativos asociados, por los volúmenes que se produzcan y que definen, en última instancia, el monto global del subsidio, se agrega el tema de lo realmente comercializado y lo relativo a los segmentos de consumidores receptores.

En el país se estableció una cultura del subsidio, prácticamente muchas cosas estaban y siguen subsidiadas. Existen casos emblemáticos, la gasolina.

El precio al que se vende un litro de combustible es aprox. el 1,5% de su costo; esto implica que el Estado debe subsidiar cada litro de gasolina en un 98,5% de su costo real, para mantener el precio de Bs. 6,00 por litro.

Sí multiplicamos esa descomunal cantidad por la no menos astronómica cantidad de litros que se expenden al día en el país, veremos la cantidad de dinero que debe disponer el Ejecutivo Nacional para que el precio de la gasolina no se incremente.

Existen, algunos pocos subsidios que tienen características especiales, pues son sufragados por entes privados, sin que medie la intervención del Estado. Un ejemplo de esto es el pasaje del transporte colectivo de personas.

Al existir una sola tarifa, Bs. 100,00, los usuarios de rutas cortas subsidian a los usuarios de rutas largas. Este subsidio “privado” tiene costos sumergidos, toda vez que los usuarios de rutas largas deben soportar el “martillo” de pedigüeños y las “ofertas” de los vendedores, que van abordando la camioneta en su trayecto.

Aunque este tipo de subsidio pareciera ser anodino para las finanzas públicas, su resultado final no lo es y su costo termina cancelándolo el consumidor por la constante y efectiva presión que realizan los transportistas, ante las autoridades públicas, para escalar los precios de sus tarifas.

Ello ratifica la pertinencia de aquella vieja conseja inglesa que reza “There ain´t no such thing as a free lunch” o como dice su traducción al castellano, “No hay almuerzos gratis”.

Rafael Antolínez

Correo: antolsun@gmail.com