El G8 pretende retomar las riendas de las polí­ticas económicas globales

Foto: REUTERS/Chris Wattie

El G8 de potencias industrializadas recuperó en Canadá protagonismo en la discusión de las polí­ticas económicas del planeta, en detrimento de los emergentes con los cuales se habí­a asociado estrechamente en la búsqueda de salidas a la crisis.

Los lí­deres del G20 habí­an proclamado en su cumbre de septiembre pasado en Pittsburgh (EEUU) que esa instancia se convertirí­a en adelante en el “foro principal para la cooperación económica internacional”.

Nada se dijo entonces del destino del G8 -formado por las siete economí­as más desarrolladas (EEUU, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá) así­ como por Rusia- que hasta entonces desempeñaba ese papel. Aunque existí­a una percepción de que el ascenso del G20 significaba el eclipse del G8.

En Canadá, sin embargo, el G8 celebró una cumbre especial en Huntsville, un aislado y lujoso balneario, antes de acudir a la del G20 en Toronto, que se inicia este sábado por la noche.

La agenda de Huntsville incluye discusiones sobre los fuertes ajustes preconizados por Bruselas y cuestionados por Estados Unidos, así­ como cuestiones de seguridad mundial, como la del programa nuclear iraní­ o las tensiones en la pení­nsula coreana.

El primer ministro canadiense, Stephen Harper, se congratuló por ese encuentro entre “amigos de larga data”.

“Nada reemplaza las grandes discusiones francas e í­ntimas que pueden tener viejos aliados y amigos de larga data”
, afirmó Harper al abrir el cónclave, en el cual trataban de superar sus divergencias sobre la creación de una tasa bancaria mundial.

Los “ricos” también invitaron a dirigentes africanos y a algunos de América Latina y el Caribe, como el presidente colombiano Alvaro Uribe, para discutir temas de desarrollo y lucha contra el narcotráfico, y anunciaron un programa de 5.000 millones de dólares para luchar contra la mortalidad materna e infantil.

“Si el G8 no enfrenta los problemas más difí­ciles del mundo, nadie lo hará”, pues “si los paí­ses que disponen de mayores recursos no actúan frente a los desafí­os mundiales más urgentes ¿quién lo hará?”, sostuvo Harper.

El borrador de declaración final de la cumbre de Huntsville lo dice con todas las letras: “El G8 demostró que es capaz de concebir enfoques creí­bles para enfrentar los desafí­os de nuestra era”.

Esa posición no sorprende a Jenilee Guebert, directora de grupos de investigación G8/G20 de la Universidad de Toronto.

Según la académica, el reparto de papeles prevé que el G20 se ocupe de “cuestiones económicas y financieras y de lucha contra el cambio climático”, en tanto que el G8 sigue a cargo “de cuestiones de desarrollo y de seguridad”.

Una visión que no comparte Juan Gabriel Tokatlian, profesor de relaciones internacionales en la Universidad argentina Di Tella.

Lo que ocurre en Canadá demuestra que “una burocracia de viejos actores con poder está decidida a reposicionarse”, dijo Tokatlian a la AFP.

Prueba de ello, es “el reflotamiento del FMI” como protagonista clave, y de propuestas de ajuste que formaron parte de su recetario tradicional, agregó.

El G20 de Pittsburgh habí­a acordado dar más poder de voto a los emergentes en el FMI y en el Banco Mundial. En esta última institución la reforma ya fue aprobada, pero en el FMI parece difí­cil avanzar al menos hasta la próxima cumbre, prevista en noviembre en Corea del Sur.

“Estados Unidos y la Unión Europea tienen un diálogo muy fuerte y creen que es mejor retomar las riendas”, demostrando “que no tienen voluntad polí­tica de revisar los mecanismos fundamentales” del reparto del poder en el mundo, prosiguió.

El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, uno de los principales defensores del G20 como actor de peso, anunció el viernes que no vendrí­a a Toronto, a causa de las graves inundaciones en el noreste de su paí­s.

“Aunque sea a causa de las inundaciones, Lula hizo bien en no ir a Toronto (…), eso refleja cierta desilusión de los emergentes”, dijo Tokatlian.

Brasil y Turquí­a se entrometieron además en otro coto del G8, al llegar en mayo a un acuerdo con Irán para tratar de resolver las tensiones provocadas por su polí­tica nuclear.

Según Tokatlian, “Brasil y Turquí­a demostraron así­ que querí­an jugar en las ligas mayores” y los paí­ses ricos “les hacen pagar de forma indirecta a los emergentes” esa osadí­a, marginándolos de las grandes decisiones.

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