‘Un gobierno responsable deberí­a crear incentivos para que la gente se quede en Venezuela’


José Guerra analiza en su columna publicada en Tal Cual la delicada problemática socioeconómica venezolana, al tiempo que sugiere al Gobierno algunas alternativas para superar la fuga de talentos del paí­s.

Esta es su columna completa:

Quienes intentan hacer revoluciones con ideas viejas suelen querer cambiarlo todo y reescribir la historia. Nada de lo que se hizo antes sirve y todo es un incesante comenzar. En el caso de Venezuela, Hugo Chávez piensa que hay que destruir todo lo existente para con ello rehacerlo sobre nuevas bases, donde el Estado sea el gran monopolista y propietario de los medios de producción. Esa creencia es la que permite explicar el proceso masivo de destrucción de las capacidades productivas de Venezuela, cuyas principales victimas son el petróleo, la agricultura y la industria. PDVSA es hoy una empresa diezmada por tres flagelos: la corrupción, la ineptitud y el nepotismo.

PDVSA es hoy una empresa diezmada por tres flagelos: la corrupción, la ineptitud y el nepotismo.

Al transformar la empresa productora de petróleo en un centro de activismo partidista cuyo financiamiento corre contra los fondos de la empresa, PDVSA ha descuidado la producción petrolera para favorecer el proselitismo y la movilización partidista. Además, la empresa se ha involucrado en un conjunto actividades ajenas al petróleo que han comprometido su viabilidad financiera. De esta forma, el gobierno ha exprimido a la empresa hasta llevarla a tener que endeudarse.

Recientemente con los chinos se contrajo un préstamo mediante un contrato de suministros de petróleo a futuro a cambio de US$ 20.000 millones, de los cuales el gobierno espera recibir adelantadamente US$ 5.000 para enjugar su déficit de caja. También se acaba de acordar un nuevo crédito con bancos internacionales por US$ 1.500 millones a lo cual hay que sumar pasivos no contabilizadlos todaví­a con las empresas expropiadas y no canceladas. Mientras PDVSA se endeuda, cae la producción y las exportaciones y por tanto los ingresos fiscales.

Miles de hectáreas que eran asiento de actividad agropecuaria floreciente, como el Hato La Marqueseña hoy languidecen ví­ctimas de la depredación. Han sido los productores del campo azotados por una especie de odio visceral de funcionarios y burócratas que desde Caracas piensan que pueden ordenar la producción de rubros agrí­colas sin tomar ven consideración la opinión de la gente que toda su vida ha trabajado en el campo. Así­, se explica las caí­das en la producción de maí­z, arroz, azúcar, caraotas, hortalizas, entre otros productos.

Venezuela que fue un exportador de arroz ahora tiene que importar parte de lo que consume y también está a punto de comprar al exterior café, tradicionalmente producido y exportado por nuestros agricultores. En cuanto a la carne y la leche, ha sucedido algo similar, la producción ha caí­do, el gobierno se ha visto obligado a importar, parte de la cual se ha podrido en los contenedores de Pdval.

En lo relativo al sector industrial, hoy Venezuela tiene 40% menos empresas manufactureras que las que tení­a en 1998, todo lo cual cuestiona las posibilidades de producir alimentos en cantidades suficientes para abastecer el mercado local, situación que ha propiciado importaciones masivas. Como causas de esta desmejora de la producción industrial destacan los controles de precios y de cambio y el clima adverso en contra de los capitanes de empresas venezolanos que han sobrevivido a las adversidades y las sucesivas crisis de la economí­a venezolana y que con todo y ello optaron por quedarse e invertir en el paí­s.

Es este cuadro adverso el que explica que la inversión en Venezuela haya caí­do más de 25% durante dos trimestres consecutivos, cuarto trimestre de 2009 y primer trimestre de 2010. Un paí­s donde la inversión decline en la forma en que ha ocurrido en Venezuela, está condenado al estancamiento en el mediano plazo, debido a que se está destruyendo el acervo de capital productivo.

Un gobierno responsable deberí­a crear incentivos para que la gente se quede en Venezuela, llamar a todos los sectores a trabajar en conjunto en lugar de crear tanto odio y división entre su gente.

Motivado en un ambiente polí­tico contrario a la actividad empresarial y al emprendimiento, los capitales emigran del paí­s buscando lugares seguros donde asentarse y prosperar. Hoy, Colombia, Perú, Panamá y Costa Rica, entre otros, son los receptores de los inversionistas venezolanos que se sienten acosados por el gobierno nacional. Todo el talento y la capacidad emprendedora de los venezolanos están puesta al servicio de los paí­ses vecinos quienes sin vacilación han aceptado a los venezolanos dispuestos a invertir y trabajar.

Pero este clima de destrucción está incompleto si no se toma en cuenta la gran cantidad de venezolanos jóvenes y adultos que están abandonando al paí­s porque no ven claro su futuro. Unos por inseguridad personal y otros porque no consiguen trabajo. Y lo peor es que parece que el gobierno se contentara con el hecho de que parte de los jóvenes bien capacitados quiera irse del paí­s.

Numerosos sectores de profesionales y técnicos hoy llenan los consulados y embajadas a la espera de la cita que les permita abandonar Venezuela en busca de otros rumbos, donde se les respete y valores por sus talentos, no por estar al servicio de un proyecto polí­tico, por muy redentor que éste sea. La principal riqueza de una nación reside en sus habitantes y cuando estos empiezan a buscar otros horizontes donde vean mejores oportunidades ello es indicativo de que las cosas no andan bien en el paí­s. Un gobierno responsable deberí­a crear incentivos para que la gente se quede en Venezuela, llamar a todos los sectores a trabajar en conjunto en lugar de crear tanto odio y división entre su gente.

José Guerra
Un paí­s en destrucción
Tal Cual