El secreto público de la venta de gasolina ilegal en la Guajira

Foto: AFP, Thomas Coex

Mientras en el estado Zulia las gasolineras amanecieron este jueves militarizadas para reducir la “paranoia” de los conductores por el desabastecimiento que sufrió la entidad el pasado lunes, del otro lado de la frontera, en la Guajira colombiana, parece permitido vender combustible venezolano de contrabando, pero no transportarlo.

Al menos 250 agentes de la Policí­a Nacional de Colombia luchan diariamente contra la gasolina de contrabando en ese departamento. Solamente en el primer trimestre de 2010 se incautaron 165.000 galones, se capturaron 82 personas y se inmovilizaron 56 vehí­culos. Sin embargo, nadie se mete con el último eslabón entre la estatal petrolera venezolana y los consumidores neogranadinos: los “pimpineros”.

Así­ lo reseña un reportaje publicado hoy en el diario El Tiempo, de Bogotá:

Miguel Salgado Garcí­a es un colombiano que se gana la vida vendiendo gasolina de contrabando a un tercio del precio legal en su paí­s.

Paga quince mil pesos por cada pimpina (5 galones) y las vende a dieciocho mil. Es matemática básica: mientras un galón de gasolina legal en Colombia está a diez mil pesos, el de contrabando le cuesta tres mil al consumidor final. En un buen dí­a Miguel puede hacer cuarenta mil pesos. Ganarí­a más, pero no es el único de la zona. A lo largo de un par de kilómetros de ví­a hay al menos una docena de puestos, uno detrás de otro, a la vista de todo el que pase por allí­: buses intermunicipales, taxis, motos, carros particulares y también patrullas de policí­a.

Autoridades parecen ver esta actividad como un trabajo legal

La ley no molesta a Miguel. Cuando está trabajando pasan las motos con agentes que le piden que no tanquee al lado del camino para no armar trancón, pero nada más.

Según las cooperativas autorizados por el Ministerio de Energí­a y Petróleo de Venezuela, cada mes entran a Colombia unos setenta millones de galones, cifra que en la práctica no hay manera de confirmar.

Mientras la diferencia de precio entre una gasolina y otra sea tan grande y las autoridades sean permisivas, Miguel tendrá trabajo.

Dice que sus mejores clientes son los taxistas, pero también los policí­as, que para llenar los tanques de sus patrullas tienen la precaución de no hacerlo junto a la Troncal del Caribe, donde quedarí­an a la vista de todos, sino que se meten camino destapado unos doscientos metros, cerca a donde Miguel tiene unas cuantas cabras y unos chivos. Tras unos minutos de trámite y luego de ahorrarse cerca del 70% del valor de tanqueada, dejan el lugar como si nada para seguir patrullando las calles y combatir el crimen.

Lea el reportaje original del diario El Tiempo.