Reuters: Más allá de la deuda, ¿una crisis de la globalización?

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LONDRES, ago 8 (Reuters) - La crisis en el sistema polí­tico y financiero internacional va más allá de los problemas de deuda que actualmente asolan a Occidente, y da en el corazón de la forma en que se ha administrado la economí­a mundial durante dos décadas.

Tras depender de ella para forjar años de crecimiento, sacar a millones de la pobreza, elevar el nivel de vida y tener felices a los ciudadanos, los paí­ses parecen haber perdido el control de la globalización.

A corto plazo, eso deja a los legisladores impotentes ante unos mercados que se mueven rápido y otros descontrolados; quizás sistemas incontrolables, minando su autoridad y ayudando potencialmente a alimentar el descontento social y las reacciones violentas.

A largo plazo, aún hay muestras de que el mundo podrí­a repetir los errores de los años 30 y caer en el proteccionismo y en la polarización polí­tica. Hay pocas soluciones obvias y algunos de los problemas subyacentes se han ido gestando durante mucho tiempo.

“En momentos de recesión económica, los paí­ses tienden a volverse aislacionistas y atrincherarse frente a la globalización”, dice Celina Realuyo, profesora adjunta de asuntos de Seguridad Nacional en la Universidad de Defensa Nacional de Estados Unidos en Washington DC.

“Dado el creciente número de participantes en cualquier tema -cambio climático, sistema financiero global, ciberseguridad- no está tan claro cómo los estados nación tradicionales pueden liderar cualquier tema, por no decir construir consenso a nivel global”, añadió.

El sistema financiero, la internet e incluso las cadenas de suministro de recursos naturales han ido quedando poco a poco lejos del control estatal efectivo.

Estos instrumentos de globalización han aportado una riqueza enorme y mantenido a las economí­as en marcha, podrí­a decirse que con más eficiencia, pero también pueden volverse rápidamente en contra de las autoridades.

Igual que el expresidente de Egipto Hosni Mubarak descubrió que desconectar internet no bastaba para impedir las protestas impulsadas en la red que le derrocaron, los estados nación más poderosos del mundo se están enfrentando a su incapacidad para controlar a los mercados y los flujos financieros.

La tecnologí­a y la falta de control permiten que la información y los activos circulen por el mundo más rápido que nunca, quizá más deprisa de lo que pueden controlar los estados, incluso con sofisticadas leyes, censuras y otros controles.

El consenso general de la cumbre del G-20 del 2009 en Londres ya se ha visto reemplazado por un tono mucho más feo de polarización y recriminaciones cruzadas, tanto a nivel nacional como internacional.

Rusia y China, que en su dí­a hubieran presionado con discreción, critican ahora airadamente a Estados Unidos, a quien el primer ministro ruso, Vladimir Putin, describe como una economí­a “parásita”.

En Estados Unidos y Europa, grupos de extrema derecha como el Tea Party, los euroescépticos y fuerzas nacionalistas parecen estar en auge, en ocasiones bloqueando la toma de decisiones polí­ticas. En la izquierda, crecen las peticiones de aumentar los controles sobre el capital y los mercados.

En el último año, el valor de las monedas mundiales se ha convertido en fuente de tensiones internacionales, con grandes estados acusándose entre sí­ de “devaluación competitiva” para fomentar la exportación.

En cuanto al ciberespacio, los paí­ses temen que potentes ataques informáticos sobre sistemas esenciales puedan algún dí­a provocar guerras, y ya hay conflictos sobre ciberespionaje que han sembrado desconfianzas mutuas.

Censura y controles, ¿Imposibles?

Es poco probable que los estados puedan excluirse completamente de los sistemas globalizados de los que han terminado dependiendo.

“La red ve la censura como un daño y la rodea”, dijo en 1993 el gurú de la informática John Gilmore. En el moderno sistema globalizado de alta velocidad, uno podrí­a decir lo mismo de los intentos de restricciones económicas y financieras.

Muchas áreas de la economí­a global se han convertido en la práctica en un “espacio ingobernado” al que se han lanzado con entusiasmo desde delincuentes hasta empresas internacionales como Google o Goldman Sachs , hasta innumerables personas y grupos.

Algunos señalan que las peticiones de que se impongan nuevos controles no dan en el blanco. En cualquier caso, muchas de las crisis actuales en el sistema son el resultado de los intentos por controlar o distorsionar los mercados y los flujos económicos.

“Irónicamente, la teorí­a era siempre que (…) la moneda única (el euro) impedirí­a que los capitalistas desagradables desestabilizaran a Europa”, señaló Charles Robertson, economista jefe del banco ruso-británico Renaissance Capital, refiriéndose a su intención de liberar a los estados miembros de los inacabables lí­os internos por los tipos de cambio.

“Así­ que la respuesta breve es no, sin masivos controles de capital, los estados no pueden detener esto”, añadió Robertson.

Podrí­a decirse que el sistema financiero global tiene problemas y desequilibrios similares, pero después de décadas de ser mayormente ignorados, parecen estar desarrollándose deprisa, gracias a los rápidos mercados que los alimentaron antes.

Eso es un problema no sólo para los paí­ses occidentales que ya están en dificultades, sino para las potencias emergentes que algunos confiaban que podrí­an reemplazar a los primeros como fuentes de liderazgo global.