El Fed y las tasas de interés: ¿de qué se trata?

Ben Bernanke

Economista24.- Ante la amenaza de recesión de la economí­a estadounidense y el preocupante ascenso en la curva de la inflación, el sistema de Reserva Federal – el Banco Central de los EEUU- ha tomado medidas drásticas para reavivar la economí­a más grande del mundo, que se ha hecho dependiente de las exportaciones.

Lo que parece avecinarse en los EEUU es lo que un economista llamó “estanflación light”: un crecimiento lento de la economí­a sumado a una alta inflación.

Para acelerar el crecimiento económico, la Reserva Federal (especí­ficamente, el Comité de Mercado Abierto de la R.F.) decidió bajar las tasas de interés – pero, ¿qué quiere decir eso?

¿Cómo funciona la Reserva Federal?

La Reserva Federal, informalmente llamada “El Fed”, no es un Banco Central tradicional, en el sentido de que no es completamente centralizado ni completamente público: está formado por los 12 bancos de la Reserva Federal (uno en cada ciudad importante formando “distritos”, como New York, Filadelfia, San Francisco, etc.), una Junta de Gobernadores nombrada por el Presidente, el Comité de Mercado Abierto que se ocupa de la polí­tica monetaria nombrado conjuntamente por el gobierno y el sector privado, y los bancos privados afiliados al sistema.

El actual presidente de la Reserva Federal, que es designado por el Presidente y debe ser ratificado por el Senado, es el economista Ben Bernanke (en la imagen). El Presidente del Fed es considerado “el segundo funcionario más poderoso de los EEUU”, después del Presidente.

Su función original (al momento de su creación, en 1903) fue la asegurarse de que no ocurrieran pánicos bancarios (cuando los ahorristas de una institución sacan masivamente sus depósitos y causan la iliquidez y quiebra de la misma), y posteriormente determinar la polí­tica monetaria del paí­s a través de la regulación de una masa monetaria elástica ( el Fed regula la cantidad absoluta de dólares que existen en el mercado según convenga a las necesidades de la economí­a).

Incrementando o disminuyendo la masa monetaria, la Reserva Federal puede lograr objetivos concretos como reducir la inflación o estimular las inversiones.

Los bancos afiliados al Fed deben depositar reservas en el sistema de la Reserva Federal: a esto se conoce como “fondos federales”, y es ésta una de las herramientas más importantes del Fed para controlar la polí­tica monetaria nacional. Todos los bancos deben depositar en una “cuenta” en el sistema un monto que varí­a actualmente entre el 3 y el 10% del total de depósitos privados (de ahorristas) de los que disponen.

Cuando la polí­tica monetaria lo indica, el Fed puede aumentar o disminuir el monto de reservas requeridas a los afiliados, aumentando o reduciendo así­ la cantidad de dinero que los bancos privados tienen disponible para otorgar préstamos a clientes – con estas operaciones, el Fed busca incentivar o desestimular préstamos, inversiones, etc. dependiendo de los objetivos económicos que se hayan planteado. Sin embargo, es más frecuente que el Fed modifique el flujo de reservas de los bancos privados mediante las operaciones de mercado abierto: venta y compra de valores, tí­tulos o securities a los bancos afiliados, pues los resultados son similares pero los efectos resultan menos drásticos.

Cuando el Fed compra securities (tí­tulos o valores) a un banco, no le paga con dinero contante y sonante. El Fed sólo le aumenta electrónicamente su cuenta de reservas de fondos federales en el sistema de la Reserva. Así­, el banco tiene más dinero para prestar, aumentando el flujo de dinero en la economí­a y expandiendo el crédito y el consumo.

Cuando hay más dinero para prestar, los bancos bajan sus tasas de interés sobre préstamos y tarjetas de crédito, incentivando el endeudamiento de los consumidores, lo que resulta beneficioso para las empresas que venden productos y servicios. (Y evidentemente para los trabajadores que cuentan con más empleos y mejores beneficios en un mercado laboral donde las empresas compiten por los recursos humanos, y no al revés). Si se hace necesario contraer la masa monetaria y reducir el crédito, el Fed vende estos valores a los bancos debitándoles de su cuenta de reservas.

Una de las crí­ticas al sistema norteamericano de banca central es la acreditación y debitación de estos fondos, que no tienen respaldo real en oro, plata u otras divisas.

Estas reservas o fondos federales pueden ser prestados de un banco que tenga exceso en sus reservas a otro que tenga un déficit (préstamos interbancarios). Estos préstamos ocurren cuando un banco no tiene suficiente provisión de dinero para operar y mantenerse por encima del nivel de fondos requerido legalmente por el Fed.

La Reserva Federal, a través del Comité de Mercado Abierto, fija las tasas de interés “objetivo” (varí­an ligeramente en las operaciones reales) de estos préstamos, tal como lo hizo recientemente. Al bajar las tasas de interés de estos fondos federales, el Fed estimula a los bancos a prestarse entre sí­ pues deben pagar poco por los intereses.

Un banco puede tener intención de financiar, por ejemplo, un proyecto industrial que creará un gran número de empleos, pero debe esperar a tener suficientes depósitos o retornos de inversiones para otorgar el crédito. Una baja en los tipos de interés de fondos federales incentiva al banco a tomar un préstamo de otro banco para otorgar ese crédito. Así­, se crean las condiciones para que sea atractivo invertir y se aumenta la cantidad de dinero que circula en la economí­a incrementando, en cierto grado, la inflación. Una subida en las tasas disminuye los créditos que se otorgan (especialmente los de alto riesgo y altos beneficios) y la economí­a se desacelera, y usualmente la inflación tiende a receder.

Con la reciente disminución de las tasas (1,25% en apenas 8 dí­as) el Fed busca incentivar a los bancos para que otorguen préstamos, a los empresarios para que inviertan y a los consumidores para que continúen gastando, en un esfuerzo por evitar que la baja del consumo lleve a quiebras de empresas, empleos perdidos y desaceleración de la economí­a.

Otros muchos factores intervienen en lo que se avecina para los EEUU, desde precios del petróleo hasta su balanza de pagos y los precios mundiales de materias primas. El reto del Fed es mantener la inflación a raya (la de 2007, en 4,1%, fue la más alta en 17 años), para lo cual nuevas medidas podrán ser tomadas el 18 de marzo, en la próxima reunión del comité de Mercado Abierto – o antes, si es necesario.

La responsabilidad del Fed va mucho más allá de las fronteras de los EEUU. La marcha de la economí­a norteamericana repercutirá en el mundo entero, y si el Fed y el congreso no tienen éxito en sus iniciativas de estí­mulo, los EEUU arrastrarán consigo a las decenas de economí­as nacionales que dependen en gran medida de las exportaciones a aquel paí­s. Estos se pueden ver perjudicados, igualmente, si la devaluación del dólar incentiva a empresarios norteamericanos a producir domésticamente los bienes (ropa, calzados, componentes, muebles) que usualmente importaban, porque les resultaban más baratos.