AFP: EE UU sigue sufriendo las consecuencias del 11 de septiembre (+infografí­a)

Foto: AP Foto/Marty Lederhandler / Archivo

WASHINGTON, 16 agosto 2011 (AFP) - Osama bin Laden murió sin lograr su objetivo de asfixiar hasta la quiebra a la economí­a de Estados Unidos, pero diez años después de los atentados del 11 de setiembre el paí­s sigue sufriendo las consecuencias de esos ataques.

Afganistán, octubre de 2001, luego Irak, marzo de 2003: en nombre de la guerra contra el terrorismo, el presidente George W. Bush lanzaba a las Fuerzas Armadas estadounidenses a dos operaciones militares que durarí­an mucho tiempo y multiplicarí­an el presupuesto del Pentágono.

En pocos años, el departamento de Defensa pasó de representar el 16% de los gastos federales al 20%. Las costosas misiones que Bush le asignó fueron prolongadas por su sucesor, Barack Obama.

La amenaza terrorista permitió al Pentágono mantener programas de seguridad heredados de la Guerra Frí­a y emprender otros.

“Los presupuestos propuestos por el Ejecutivo fueron muy altos, y el Congreso agregó gastos a muchos de ellos”, recordó a la AFP William Hartung, experto en temas de defensa en la New American Foundation.

Guerras sin financiamiento y reducciones de impuestos: durante la administración Bush ese cóctel incrementó la deuda pública, antes incluso de que las medidas puestas en práctica después de 2007 para luchar contra la crisis económica y financiera y relanzar la actividad agravaran aun más la situación presupuestal.

En un video difundido en marzo de 2004, el jefe de Al Qaida habí­a señalado que aplicaba a Estados Unidos los mismos métodos que los mujaidines –financiados entonces por Washington– usaban contra los soviéticos durante la guerra de Afganistán.

“Seguimos esta estrategia para desangrar a Estados Unidos hasta su quiebra”, declaró Osama bin Laden entonces.

A corto plazo, el costo del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York se elevó a cerca de 100.000 millones de dólares, según el Institute for the Analysis of Global Security, que calculó los empleos perdidos, los ingresos fiscales evaporados, la destrucción de edificios, el barrido de escombros y la limpieza.

Según ese centro, el costo de la reconstrucción en el lugar del World Trade Center ha sido estimado entre 3.000 y 4.500 millones de dólares, y la reparación de los daños infligidos al edificio del Pentágono en 1.000 millones.

Para Estados Unidos, el costo financiero de la respuesta a los atentados fue, sin embargo, mucho más alto que el de los propios ataques.

El Instituto de Investigación sobre Relaciones Internacionales de la Brown University calcula el costo para el Estado federal de las guerras en Irak y Afganistán entre 3,2 y 4 billones de dólares.

Esto representa entre 40 y 49% de aumento de la deuda pública, que pasó de cerca de 6,8 billones de dólares el 11 de setiembre de 2001 a más de 14 billones en la actualidad.

El economista Ryan Edwards estimó en un estudio publicado en junio último que, sin guerras, la relación entre deuda pública y Producto Interior Bruto serí­a diez puntos más baja que en la actualidad, cuando llega prácticamente a 100%.

“Los gastos de guerra son, en cierta medida, un estí­mulo (a la economí­a), pero cuando son financiados con déficit y endeudamiento, las ventajas no parecen compensar los costos”, concluí­a.

Los economistas Linda Bilmes y Joseph Stiglitz van más lejos. Afirman que el pánico financiero de 2008 en el contexto de la crisis de los créditos inmobiliarios de alto riesgo (“subprime”) en Estados Unidos “se debió, al menos en parte, a la guerra”.

En un artí­culo publicado en 2010, ambos estiman que la guerra y sus consecuencias, sobre todo el alza de los precios del petróleo, consumieron volúmenes colosales de recursos públicos, que hubieran podido destinarse al desarrollo armonioso del paí­s, sobre todo a la educación.

Sin embargo, “la suma de dinero gastada en comprar armas experimentó un sensible aumento en los últimos diez años. Es verdad que la industria se benefició”, subraya Loren Thompson, director general de la consultora de la industria de defensa Sources Associates. Pero no fue el caso del presupuesto del Estado federal, próximo al equilibrio en el momento de los atentados de 2001 y en números rojos desde hace ya un buen tiempo.

Es paradójico que el más alto oficial militar estadounidense, el almirante Michael Mullen, haya calificado a la deuda pública de “la amenaza más importante a (la) seguridad nacional”.

“La guerra en Irak, que no tiene nada que ver con el terrorismo, supuso un precio enorme para desembarazarse de un dictador. En el pasado Estados Unidos financió en parte las guerras con aumentos de impuestos (pero) ésta fue emprendida simultáneamente con reducciones impositivas”, asegura Hartung.

Infografí­a: AFP