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HERRAMIENTAS
Foto: Noticias24/archivo

(Caracas, 17 de febrero – Noticias24). La Venezuela del “ta barato, dame dos”, la de los viajes a Miami los fines de semana, la de Disneylandia y Mickey Mouse en vacaciones, se acabó el 18 de febrero de 1983, cuando amanecimos con un dólar que pasaba de 4,30 bolívares a 12, y los sueños de bonanza, de la “Venezuela Saudita” se acabaron.

Durante los años 70, la nación recibió el equivalente a 400.000 millones de dólares por concepto de venta de petróleo, alimentado por la crisis energética mundial, el conflicto árabe- israelí, y las amenazas de una guerra fría que por todos lados buscaba frentes políticos para mantener la pugna entre las dos superpotencias de la época, EE UU y la URSS.

Las generaciones de venezolanos clase media poseían un gran poder adquisitivo, que sumado a los volúmenes de ingresos de divisas, generaban un clima de supuesto bienestar, pero que paralelamente por la ineficiencia de las políticas públicas, acrecentaba los niveles de pobreza y cada día mostraban a dos países totalmente distintos: La Venezuela del derroche y la Venezuela de los cinturones de pobreza alrededor de las grandes ciudades.

CAP y Luis Herrera, de la bonanza al desastre

Carlos Andrés Pérez tenía alta popularidad durante esa década de los años´70, apoyado por un discurso de desarrollo y prosperidad, y ayudado por las grandes cantidades de oro negro que vendía el país a cambio de niveles exagerados de divisas que le hacía entender a la gente que el verdadero “sueño americano” lo teníamos aquí mismo en Venezuela.

Era la Venezuela de Mickey Mouse, de los “Mayameros” que disfrutaban de esas divisas comprando productos “made in U.S.A” y por cantidades industriales, la Venezuela de las excentricidades como el del barco “Sierra Nevada” que se le regaló a Bolivia sin tener salida al mar, y ni hablar de los patrones de consumos exagerados que nos colocaban ante el mundo como unos ciudadanos “altamente compradores de bienes y servicios”.

Pero como todo sueño, en algún momento se despierta el pueblo, se acaba la utopía de país rico, se mutilan esos pensamientos de grandeza de un sector de la sociedad pudiente que jamás volteó a Petare, al 23 de Enero, a Cotiza, a la Vega, donde crecían esos polos de pobreza extrema ante la mirada complaciente e incoherente de una sociedad política que precisamente hablaba de desarrollo y grandeza por haber nacionalizado el petróleo y el hierro, por hacerle creer al venezolano derrochador que eso sería para siempre, escondiéndole la hipoteca de la que hablaría Luis Herrera Campins en 1979 en su discurso presidencial de toma de posesión.

Los precios del petróleo cayeron estrepitosamente y con ellos los ingresos fiscales del país, de 19,3 millardos de dólares en 1981, pasaron a 13,5 millardos en el 1983, originándose una fuga de divisas que se expuso por casi tres años, con la amenaza de dejar a Venezuela sin reservas.

Para ese entonces, el Banco Central de Venezuela (BCV) se declaró insolvente, lo que desató una de las crisis económicas y financieras más graves de la historia del país, siendo el resultado la devaluación de la moneda el 18 de febrero de 1983, el llamado “viernes negro”.

Adios Miami, adios al sueño americano

Las generaciones de esa época se despertaban como todos los viernes con el ánimo de salir a sus trabajos para esperar la tan ansiada tarde e irse de fin de semana a disfrutar de su sueño de bonanza.

Pero los políticos no le decían ni a esa generación pudiente ni a la otra que estaba en los cerros que nuestro país estaba endeudado de una forma abismal, y que ni Mickey Mouse, ni el Pato Donald nos salvaría del desastre, por que ya EE UU había logrado que las aguas bajaran en el medio oriente y los países árabes habían accedido a subir la producción de petróleo, con lo cual bajaría el precio del oro negro y por ende nuestros ingresos.

Como buenos venezolanos aplicamos eso de que “como vaya viniendo, vamos viendo” y no tomábamos en cuenta que algo nos escondían los actores políticos, porque definitivamente ya Miami se estaba viendo lejos de Maiquetía y cada día más se sentía que nuestro chorro de billetes verdes se estaba cerrando poco a poco.

El gobierno de Luis Herrera Campins, practicante exacerbado del rentismo y el populismo, formuló salidas a la crisis que sólo acentuaron la corrupción y la malversación de capitales. Así, Venezuela se sumó a la fila de países deudores que, con el paso del tiempo, podrían ser digeridos por las fauces de organismos como el Fondo Monetario Internacional.

Herrera Campins decretó la suspensión de venta de divisas extranjeras, en especial del dólar, y también estableció un control diferencial mediante el cual se autorizaba el “4,30” (precio de bolívar por dólar) sólo para los gastos corrientes, la amortización de deuda pública interna y externa, estudiantes en el exterior y operaciones del ámbito petrolero y siderúrgico.

Contrario a las expectativas del gobierno en torno a que la crisis sería transitoria, la situación derivó en la fuga de más de 60 mil millones de dólares. Tal pérdida ocurrió gracias a un “invento” que pasaría a la posteridad por ser célebremente corrupto, su nombre: Recadi, Oficina del Régimen de Cambios Diferenciales. Este organismo, encargado de autorizar la compra de dólares preferenciales, sirvió para innumerables irregularidades en el uso indebido de dichas divisas, lo que se tradujo en tráfico de influencias y desangramiento de la nación.

Ya lo que pasaría a partir de esa fecha lo sabemos: aumento de la pobreza, quiebre de nuestras reservas, Caracazo, dos intentonas golpistas, decadencia de los partidos políticos y la decepción para un lado de la población que ya no podía tomarse la foto en el castillo con Mickey, y para otro sector, el seguir esperando a acceder a un trabajo digno, bien remunerado, con igualdad de condiciones para algún día quizás conocer al ratón más famoso del mundo, o para poder sobrevivir en un país tan complejo como el nuestro.

José Toro Hardy: Pensábamos que teníamos a Dios agarrado por la chiva hasta que llego el Viernes Negro

Escuche la entrevista a continuación:

“Realmente a raíz de esa fecha se presentó un cambio sobre la visión que teníamos de nuestra economía. En los años 70 los precios del petróleo eran bastante estables, pero después de 1974 se produce un cambio importante en los mercados petroleros y la OPEP decidió restringir la producción del hidrocarburo”, manifestó el dr. José Toro Hardy, experto en economía petrolera, en un contacto telefónico con Noticias24 Radio.

“En ese momento pensábamos que teníamos a Dios agarrado por la chiva y no supimos digerir los enormes ingresos de divisas”, destacó Toro Hardy.

“Después de aquel aumento enorme del precio del petróleo, por la guerra del Yom Kippur, caen los precios a partir de 1981 y Venezuela no sabia como reaccionar ante esta caída, hasta que se llegó al 18 de febrero de 1983, donde se aplicó una reducción del gasto público y aplicación de un control de cambio. Nuestra Moneda y el franco suizo eran las monedas más solidas del mundo”, puntualizó.

Toro Hardy consideró que “cuando el agua nos llega al cuello, siempre viene una crisis y los precios del petroleo suben, pero definitivamente nuestra economía es una montaña rusa dependiente de los precios del petróleo”.


Por Marcos Morin Aguirre / Noticias24

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