HERRAMIENTAS
Foto: AVN

(Caracas, 5 de mayo. Aristimuño Herrera & Asociados) - La nueva normativa bancaria, de finales de 2010, en su artículo 99, fijó un tope de hasta 20% para la cartera de créditos al consumo. Esta regulación le cerró la puerta a otro eventual boom de préstamos al consumo; un tipo de financiamiento que, en años anteriores, ganó espacio en el portafolio de los bancos.

Entre finales de 2010 y el 2011, el sistema financiero venezolano se ajustó a leyes que redactó la Asamblea Nacional. Se originaron instrumentos como la Ley Orgánica del Sistema Financiero Nacional (Losfin), que limita y separa las actividades del mercado de valores, la banca y los seguros. Seguidamente, se dictaron las respectivas leyes para cada ámbito, que fueron el último paso para que el sistema en pleno comenzara a transitar por la senda de una economía; que no converge, al menos en teoría, con el consumismo.

Es así cómo la banca criolla pasó – y aún transita – por cambios que arrancaron con la llamada mini crisis de finales de 2009 y que se afianzaron en 2010, con la introducción de un andamiaje legal que constituyó nuevas reglas del juego para el negocio.

La normativa bancaria, en su artículo 99, estableció restricciones que afectan directamente a los usuarios de los bancos, entre las que destaca la fijación de un tope de hasta 20% para la cartera de créditos al consumo.

Tradicionalmente, los créditos al consumo están divididos en el financiamiento a través de tarjetas de crédito, los préstamos personales y los de adquisición de vehículos; pero, para efecto del cumplimiento de esta regulación, éstos últimos fueron excluidos por la Sudeban a petición de la Asociación Bancaria.

El gremio al respecto consideró, a principios de 2011, que el artículo 99 de la nueva ley bancaria, que dispone la cuota regulatoria de los créditos al consumo, no es suficientemente claro, dado que no señala los componentes de dichos financiamientos.

Hasta ahora se desconoce si el ministerio de Planificación y Finanzas y la Sudeban cambiarán de opinión sobre esta temática, dado que la demanda crediticia de consumo en el país podría aumentar este año; el caldo de cultivo de ello es el ambiente de crecimiento económico y los estímulos fiscales que ejecuta el mismo Gobierno.

Al respecto, una fuente ligada al ente regulador señaló en la tarde de este lunes que, en estos momentos, el Órgano Superior del Sistema Financiero Nacional, el llamado Osfin, (contemplado en la Losfin), evalúa el tema de la exclusión de los créditos para la compra de vehículos del tope de 20% al consumo.

Apartando esta excepción y más allá de la adaptación a las nuevas disposiciones legales, hay un hecho innegable: Los bancos redujeron los préstamos al consumo y expandieron otras carteras de crédito en el último año. De manera, que el sistema bancario nacional logró bajar el peso del consumo en su cartera de créditos.

Entre 2007 y 2008, la participación del consumo alcanzaba el 25% del total de la cartera crediticia de los bancos

Según cifras de Aristimuño Herrera & Asociados, al cierre de abril de este año, los créditos al consumo (contando los préstamos de vehículos), representaron sólo el 16,70% del total de los préstamos. Eso evidencia una baja de 3,35 puntos desde el registro de abril de 2011, cuando el consumo pesaba 20,05%.

De acuerdo al último informe de Aristimuño Herrera & Asociados, correspondiente al mes de abril, se observa que en ese mes, los créditos de consumo alcanzan los Bs. 51.337 millones, esto incluyendo a las tarjetas de crédito, los préstamos para vehículos y los ajustados a cuentas corrientes, que son sólo parte de los llamados personales, aquellos que nacieron bajo la sombra del último boom crediticio originado entre 2006 y 2008.

Asimismo, el financiamiento con plástico, a través de las tarjetas de crédito, sumó en abril unos 35.981 millones de bolívares, mientras que los créditos otorgados para la adquisición de vehículos reportaron unos 15.348 millones de bolívares. Aunque estas cifras, al ser comparadas con las de hace un año, resultan superiores en sus montos en bolívares, al observar los valores porcentuales se evidencia que la participación de los préstamos al consumo en la torta crediticia es cada vez menor.

Al analizar la participación de las tarjetas de crédito con respecto a la cartera bruta bancaria al cierre de abril de este año, se obtiene un peso de 11,71%; al mismo período del año pasado esta relación era del 14,16%. Lo mismo ocurrió con el financiamiento para vehículos. Datos de la Sudeban reflejan que su participación con respecto a la cartera bruta para abril de este año es del 5,00%, mientras que en abril de 2011 fue de 5,89%.

Regulación hace menos probable un nuevo boom crediticio

Este tope al crédito le cerró la puerta a otro eventual boom de los préstamos al consumo; un tipo de financiamiento que, en años anteriores, ganó espacio en el portafolio de los bancos. Dado que los altos niveles de inflación en el país obligaban a los venezolanos a gastar en vez de ahorrar; situación que se mantiene en la actualidad.

Entre 2007 y 2008, la participación del consumo alcanzaba el 25% del total de la cartera crediticia de los bancos. Este comportamiento tuvo sus cimientos desde 2004, cuando la cartera de crédito bancaria experimentó una rápida expansión. Solamente en 2005, la cartera de crédito creció 75% para llegar a 38,4 millardos de bolívares. Datos de Aristimuño Herrera & Asociados muestran que los préstamos al consumo registraron un aumento de 119% al elevarse desde 2,6 millardos de bolívares en diciembre de 2004 a 5,7 millardos de bolívares a diciembre de 2005.

Y es que la expansión fiscal sustentada en los altos ingresos petroleros, en el contexto de un control de cambios, ha generado un aumento sustancial de la liquidez en la economía. Esto sentó las bases para una rápida expansión del crédito por parte del sistema bancario.

Por otra parte, las tasas de interés reales negativas y el control de cambio hacen atractivo el crédito domestico tanto a los consumidores como a los inversionistas. El mismo impacto erosivo de la inflación sobre el salario, obliga al venezolano común, utilizar, en ocasiones cada vez más recurrentes, las tarjetas de crédito para comprar comida y para pagar medicinas.

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